sábado, 29 de julio de 2017

Pensiones: uno de los grandes engaños

El Fondo Monetario Internacional (FMI) recomienda a España trabajar más años y no subir más de un 0,25 % las pensiones, además nos dice que es necesario incentivar los planes de pensiones privados. Me pregunto ¿Cómo podemos seguir creyendo las recetas del FMI cuando han traído tantas desgracias a todos los países en los que ha intervenido, entre ellos nuestro país? Pero también los emergentes de Asia, muchos del Sur y Centro de América e incluso africanos. ¿Qué razones inconfesables lleva a un organismo creado para ayudar a los países a poder aguantar crisis a hundirlos de forma inmisericorde? Pero sus descabelladas recetas son seguidas a pies juntillas no sólo por las élites interesadas, sino también por ciudadanos ciegos a la mínima lógica económica.

Recordando a Warren Mosler, economista referente de la Teoría Monetaria Moderna (TMM); si un robot o un grupo de personas pudieran realizar productos y servicios que abastecieran a la totalidad de la población realmente esto es lo que mantendría a las personas con las necesidades cubiertas, no si hay o no más dinero que es una convención social. No debemos cansarnos de recordar que el dinero, sea la forma social que tenga, no se come. Lo que nos hace ricos son los productos y servicios que podemos producir y servir. No nos dejemos engañar con cálculos interesados: que cada trabajador soporta varias pensiones, que el fondo de pensiones se acaba, que la generación del Baby Boom llega a la jubilación, etc. Debemos recordarnos que nunca en la Historia de la Humanidad hemos sido tan ricos y, sin embargo, hemos repartido la riqueza de manera más desigual.

El particular diseño del sistema de pensiones de nuestro país y el márquetin que se lleva a cabo por políticos neoliberales y aquellos poderosos que tienen interés en ello nos han hecho pensar que las pensiones se pagan con la hucha de las pensiones. Pero es solo una posibilidad más. De hecho el fondo de pensiones es un invento reciente, y, desde mi particular punto de vista, está sirviendo como singular “varita mágica” que hace fácil el engaño de los poderosos para que el sistema público de pensiones sea desactivado. Uno de los grandes avances de nuestra sociedad que ha funcionado perfectamente y contribuido al merecido descanso de generaciones se quiere hundir para beneficio de fondos privados e intereses particulares. De esta forma tenemos fondos de pensiones que tienen más poder que países enteros.

Pero es que ni siquiera nuestro gasto es particularmente alto: “gastamos 2,3 puntos porcentuales del PIB menos que la media de la eurozona en pensiones de jubilación (y 0,8 puntos porcentuales menos en total de pensiones). El 70 % de las pensiones pagadas no superan los 1.000 euros mensuales y abocamos a nuestros pensionistas a la pobreza. Así el 20 % de las pensiones contributivas y la totalidad de las no contributivas están por debajo del umbral de pobreza.” Y estos no son datos de organismos ideologizados, son datos recogidos de la base de datos del Ministerio de Empleo y Seguridad Social.

 Los economistas que no están influidos por los poderes económicos, que no han sido aducidos por la corriente fundamentalista del mercado; pensamiento único, nos lo dicen muy claro: “si ahora la Seguridad Social está en déficit no es porque la generación del baby boom se haya jubilado y haya demasiados pensionistas; está en déficit porque los ingresos por cotizaciones se desplomaron como consecuencia de un incremento desorbitado del desempleo. Actualmente hay millones de personas en nuestro país que quieren tener un empleo remunerado pero no lo consiguen. Si aumentamos la tasa de natalidad o la inmigración, ¡tendremos más parados![1]”

El paro juvenil es otra de las consecuencias perversas de la lucha privada por hacerse con el dinero de los ciudadanos, incrementando los fondos de pensiones privados y el  poder de unos pocos en perjuicio de la mayoría. Tenemos la generación de jóvenes mejor preparada de nuestra Historia, a la que hemos dedicado muchos recursos y tiempo y, sin embargo, la escamoteamos la posibilidad de trabajar y fomentamos en ella la indolencia, perdiendo conocimientos valiosos y recursos importantes para el desarrollo social y el mantenimiento de un Bienestar Social para todos.

La ceguera de nuestra sociedad está llegando a extremos preocupantes. Miramos pero no vemos ni castigamos la corrupción, no vemos la dolorosa situación de nuestros jóvenes sin presente y sin futuro, esquilmamos las pensiones y queremos deshacernos de nuestros mayores. Son indicios de una sociedad sin futuro.



[1] Garzón, Eduardo (2017) Desmontando los mitos económicos de la derecha: Guía para que no te la den con queso. Atalaya.

jueves, 20 de julio de 2017

No sólo crea riqueza el sector privado; la importancia de los déficits públicos

Parece que una idea muy extendida es que el sector privado es el único que crea riqueza. El Estado mejor que sea reducido y no afecte al funcionamiento del mercado, dicen los fundamentalistas del mercado. Por eso las políticas que llevan a cabo quieren impulsar los beneficios de las empresas para que reinviertan en la economía y así exista crecimiento económico. Y esto nos lo han grabado en la mente a fuego como si fuera una verdad absoluta. No obstante, cada día está más claro que un mercado a su albur, sin embridar fomenta desigualdades cada vez más grandes. Y con grandes desigualdades, los que obtienen beneficios abusivos no los reinvierten en la economía real, en investigación, desarrollo e innovación, no los dedican a mejorar el bienestar de todos, a mejorar la estructura económica de la sociedad. Se dedican a especular en los mercados financieros. Se dedican a ganar dinero fácil y no precisamente con el sudor de su frente.

Si la especulación financiera fue la principal causa de la crisis última, llamada gran recesión. Seguimos actuando igual y con las cacareadas mejoras macroeconómicas, incremento del  PIB, seguimos haciendo lo mismo, financiarizando la economía, especulando con los beneficios y retirando recursos de todo tipo de la economía real. Siendo el efecto más dañino de estas actuaciones el paro crónico, la cantidad de personas sin trabajo o con trabajo precario que pudiendo realizar su aportación a la sociedad no pueden hacerlo, lo que parece un verdadero disparate. Así estoy de acuerdo con María Mazzucato que, en una economía capitalista, considera: “La razón por la que puede que no haya empleos es porque las empresas y la economía se está fiananciarizando.”

El mercado es una invención de las sociedades humanas y no es tan antiguo como muchas puedan pensar. Pero el mercado no funcionaría sin la presencia del Estado. “Ningún elemento o institución de carácter económico es “natural”, propio de la naturaleza, sino que es una creación del ser humano organizado en sociedad […] eso que se conoce como libre mercado es un oxímoron […] Puede haber mercados cuyo diseño está destinado a proteger a los más indefensos y a los que menos poder tienen, o puede haber mercados cuyo diseño está destinados a permitir que los más poderosos tengan la libertad de imponerse y aprovecharse de los más indefensos.[1]”

También “el Estado entendido como núcleo del  poder legal no es una institución positiva o negativa en sí misma. El Estado es una herramienta para cambiar la realidad social y económica y puede ser utilizado para multitud de objetivos[2]”. Según el economista Abba Lerner “La principal responsabilidad del Gobierno (que no puede ser asumida por nadie más) es la de mantener una proporción de gasto total en bienes y servicios que no sea mayor ni menor que la proporción que permitiría adquirir a precios actuales todos los bienes que es posible producir.  Si se permite que el gasto total supere este umbral, se generará inflación, y si se permite que esté por debajo, se generará desempleo.”

Uno de los mitos que Eduardo Garzón trata de mostrarnos en su último libro es que se piensa que el Estado tiene que recaudar impuestos para gastar. Sin embargo, es justo lo contrario. El Estado no puede recaudar impuestos en la moneda oficial si antes no ha emitido la misma, bien imprimiendo monedas o mediante anotaciones en cuentas. La forma, por tanto, mediante la que el Estado crea dinero es a través del gasto público. Cuando el sector privado está congelado, cuando la máquina inversora no funciona, el Estado, conforme nos decía Keynes, tiene que invertir y gastar para generar demanda agregada. Lo que es una locura en situaciones de crisis es limitar el gasto público, limitar el déficit al 3 % del PIB, salvo intención maléfica de apostar porque el mercado siga acumulando riquezas en manos de unos pocos.

Nos señala Eduardo Garzón que “la existencia de déficits públicos ha sido siempre recurrente y natural, puesto que todas las economías del planeta tienden a fomentar en la medida de sus posibilidades su propio desarrollo, y una de las maneras de conseguirlo es incrementado el gasto total (y, por tanto, el ingreso total y el PIB) a través de esta herramienta fiscal.[3]” No nos puede sorprender, por tanto, que “de las 187 economías que hay en el planeta, solo 26 (apenas el 14 %) registraron superávit fiscal en el año 2015;” siendo esto lo normal en la historia.

Si el déficit del Estado puede estimular la economía, si un Estado que imprime moneda no puede nunca quebrar, si el Banco Central puede gastar sin pedir “¿Qué demonios hacemos recortando en pensiones, sanidad, educación, dependencia, salarios, desempleo, etc., para cumplir con esa maldita regla acientífica e improvisada por cuatro personas que obliga a reducir el déficit público?[4]”

Debemos recordar que “el dinero es una forma de medir los compromisos y la moneda una forma –entre otras muchas—de materializar esa medición.[5]” Lo importante son los productos y servicios que una sociedad puede producir  (con eso vivimos) y para eso es nefasto tener recursos ociosos. Pero jugamos a que los beneficios sean cada vez mayores y se los apropien unos pocos más codiciosos, y, encima, cada vez hay más constancia de que, como nos dice Mariana Mazzucato  “el riesgo se mueve cada vez más hacia el sector público y el sector privado recibe los beneficios.” Algunos recogen las ganancias y la mayoría pagamos los platos rotos.



[1] Garzón, Eduardo. Desmontando los mitos económicos de la derecha
[2] Ibídem.
[3] Ibídem.
[4] Ibídem.
[5] Ibídem.

viernes, 14 de julio de 2017

No es suficiente el caso de Grecia para olvidarnos de la austeridad

Hace tiempo escribí un artículo titulado “Grecia no puede ser el chivo expiatorio”. Pero sin duda Grecia está expiando las culpas de la especulación de los buitres financieros. La troika, como sabemos, formada por El Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Central Europeo (BCE) y la Comisión Europea (CE), impuso a Grecia medidas draconianas que no han tenido efecto positivo salvo para los avariciosos acreedores, pero no acepta el gran fracaso de las políticas exigidas. Las medidas de austeridad impuestas no pueden ser consideradas sino como una descomunal acción de sadismo. Los resultados no pueden ser más elocuentes: el desempleo sigue por las alturas y se mantiene por encima del 20 %, en un país en el que la mayoría de los parados no perciben prestación y con mucho paro de larga duración; el salario medio anual se ha desplomado el 22 %; el empleo público se ha reducido un 50 %; los jubilados han perdido de media el 45 % de poder adquisitivo tras catorce reformas desde el 2010; el 20 % de las familias tiene dificultades para conseguir alimentos; todo esto lo dice la OCDE…[1]

No puede estar más claro el desastre griego y la inoportunidad de las medidas tomadas por la troika. ¿A quién han mejorado los casi 350.000 millones de euros de los planes de rescate al estilo neoliberal? Sólo para que la autoridad del gobierno griego haya quedado totalmente anulada y desprestigiada. No solamente por el derrumbe democrático en la cuna de la democracia: el fraude de Tsipras después del apoyo mayoritario de la población a su posición frente a la troika en las elecciones del 2015, fue un mazazo a la democracia. Sino también por una realidad diaria palpable: “En Grecia el Gobierno no recibe a la Troika; la comisión negociadora de los acreedores se instala en el Hilton y son los ministros griegos de Economía o Finanzas los que desplazan allí.[2]” Saramago decía que se podía debatir todo menos la democracia, en Grecia, sin embargo, la primera medida ha sido suprimir el poder del pueblo.

Nuestro país parece que no aprende las lecciones que nos dan las medidas de austeridad tomadas y se emborracha con éxitos que ni son propios, ni son tan claros. Así se ha aprobado el techo de gasto para 2017 que sólo supone el 1,3 % de incremento, cuando el Gobierno prevé que el crecimiento económico, léase el PIB suba cerca de un 3 %. Estas son las compensaciones del tan cacareado “estamos saliendo de la crisis”; o sea, más de la misma medicina: austeridad y recortes. La riqueza que se genera va a parar a manos de los que ya tienen y fomentan que el sistema financiero siga creciendo en perjuicio de la economía real y con el peligro de alimentar una nueva crisis. Los ciudadanos seguirán con servicios públicos recortados, con menos derechos y menos salarios. Pero, sin salarios la gente se endeuda y en muchos casos no puede pagar las deudas que ya tiene. Desahucios e impagos son sus consecuencias. Consecuencias nefastas para un crecimiento normal y sano de la economía.

Invertir en sectores productivos siempre ha sido la mejor forma de salir de las crisis, sin embargo, aquí sólo esperamos a que nos venga el aire de culo: expansión crediticia de la Unión Europea, bajada del petróleo y, nos olvidamos, de invertir en I+D+i, Investigación, Desarrollo e Innovación. Mantenemos nuestro crecimiento impulsados por un turismo, a veces de baja calidad; nos olvidamos de las energías renovables en contra de la dirección tomada por aquellos que llevan la delantera; nos olvidamos de nuestra gente en la que hemos invertido dinero y recursos para su formación y la dejamos con las manos cruzadas o que se marchen a mejorar otras economías; nos olvidamos, en fin, de que la razón de la economía es el bienestar común.

Pero la España que va bien y desde el 2015 parece que ha salido de la crisis según las cifras macroeconómicas. Esta España no logra cumplir ninguno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. España va lenta en su compromiso con un mundo más igualitario, sostenible y de mayor acceso a los recursos y derechos sociales. Tal vez demasiado lenta. Nuestro país no ha logrado ni uno sólo de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, la agenda de retos que debe guiar las políticas globales de desarrollo a cumplir en 2030 con la que los líderes mundiales se comprometieron en una cumbre celebrada dos años atrás, en 2015, y que incluye metas en materia de pobreza, salud, género, agua, energía, empleo, medio ambiente, cambio climático o paz y justicia, entre otras. Esta es la España que algunos quieren vendernos mediante continuas cortinas de humo para tapar sus males. Lo dicho Grecia es y ha sido el chivo expiatorio y, sin embargo, seguimos ciegos a los deplorables resultados.



[1] Ver Alternativas Económicas de julio-agosto núm. 49. Grecia, en la cárcel de la deuda por Pere Rusiñol.
[2] Ibídem. Entre el desencanto y la resignación. Hibai Arbide Arza.

viernes, 7 de julio de 2017

La humanidad necesita urgentemente un cambio de dirección

Se dice que hay dos clases de hombres, aquellos que vienen del mono y aquellos que van al mono. El problema es que la proporción de los que vuelven está creciendo de forma acelerada. Hemos enfocado el mundo mediante la luz de la competitividad y este enfoque ciega los valores imprescindibles para la convivencia en sociedad y la búsqueda de los desarrollos individuales.

El capitalismo salvaje y el llamado neoliberalismo basan nuestra vida en la competencia y en la sobrevivencia de los más fuertes o más avariciosos y corruptos. Aunque  es claro que el neoliberalismo lo que menos tiene es de liberal, ya que en este sistema el grado de libertad tiene que ver con el poder económico disponible y poca libertad poseen aquellos que tienen que vivir con un euro diario, y créanme, todavía hay muchas personas, millones, que no llegan a vivir con más, si a su paso por la vida se le puede llamar vivir.

Necesitamos repensar nuestras ideas honestamente con un enfoque diferente. Un enfoque que basado en la solidaridad y en objetivos comunes permita verdaderos cambios beneficiosos para la sociedad y sus individuos. ¿Para qué sirve un incremento del PIB si este incremento va a parar a unas pocas manos que ya tienen más de lo suficiente? ¿Qué conseguimos reduciendo los salarios para generar puestos de trabajo, si conseguimos que aquellos pocos que consiguen mejorar, se sustentan en los muchos contratos precarios e indecentes, hasta el punto de que no son suficientes para una vida digna?

Perdemos el tiempo debatiendo temas menores que se han sobrevalorado mediante la actividad manipuladora de aquellos que obtienen ventajas. Pero olvidamos a las personas. Olvidamos a todos aquellos que a duras penas tienen para vivir, muriendo muchos de ellos de hambre. Olvidamos que el Mediterráneo se está convirtiendo en un gran cementerio. Lo que nos debe importar, por tanto, son las personas, resolver la situación de todos aquellos que tienen que mendigar para vivir,  porque en este mundo los que ganan pueden ganar 50 millones de euros en un año, con el aplauso del rebaño, y los que pierden, y siempre habrá perdedores en un mundo competitivo, queremos que vivan con algo más de 400 euros en nuestro país y en otros muchos con menos de un euro.

Parece que a los que no entienden esta situación se les trata de antisistema, pero el arte manipulativo de algunos políticos logra cegar a la población idealizando un sistema que no es ideal, ni siquiera justo. Aquellos que luchan por un mundo más justo, en el que todos podamos vivir decentemente y puedan desarrollar aquellos objetivos en los que quieran basar su vida, son considerados terroristas del sistema porque hay quien no quiere cambiar un sistema que les beneficia y son insensibles con la población a los que el sistema perjudica.

El drama de la emigración es una muestra de la crueldad de nuestro mundo, de las grandes desigualdades. Es una muestra de lo poco que hemos aprendido de nuestra experiencia histórica. Levantamos muros y perseguimos inmigrantes y refugiados facilitando la existencia de mafias que se aprovechan del mal ajeno.

Sin embargo, el economista turco Dani Rodrik ha argumentado, y estaba convencido, de que permitir una emigración más libre podría ser una política mucho más efectiva contra la pobreza que, por ejemplo, intentar liberalizar más el comercio de bienes y servicios. Así “Clemens comparaba la investigación más rigurosa existente hasta la fecha. En el comercio internacional, se estimaba que eliminar todas las barreras a los movimientos internacionales de bienes y servicios aumentaría el PIB mundial entre un 0,3 %, en el cálculo más pesimista, y un 4,1 %, en el más optimista […] En el caso de eliminar las barreras a los movimientos internacionales de capitales, las estimaciones resultaba más modestas: oscilaban entre un efecto mínimo del 0,1 % del PIB mundial y un máximo del 1,7 % […] en el caso de que se eliminasen todas las barreras a las migraciones internacionales […] los cálculos más pesimistas sobre estas ganancias de eficiencia las situaban en el 67 % del PIB mundial. Las más positivas se iban hasta el 147 %.[1]”

No podemos olvidar que Estados Unidos es el país de la inmigración por antonomasia. En 2010, solo entre tres y cinco millones de sus 309 millones de habitantes eran descendientes de pobladores indígenas. Por tanto entre el 98 % y el 99 % de su población correspondía a inmigrantes o a sus descendientes establecidos en los últimos años[2].

No podemos olvidar que “el país de nacimiento es el factor que explica dos terceras partes de la desigualdad mundial en los ingresos a principios del siglo XXI […] el principal motivo de esa desigualdad no sería [por tanto] el nivel educativo,  la edad o el  sexo sino su distinto país de nacimiento.[3]”

Ante estas investigaciones chirría y da vergüenza que el Ministro Zoido llegue a decir "Hay que concienciar a las ONG de que se está para ayudar y no se está para favorecer o potenciar la inmigración irregular". Sin duda hay dos clases de hombres…Sin duda es urgente un cambio de dirección en las mentes y en las políticas.



[1] Fernández-Huertas Moragas, Jesús (2016:128). Los pros y contras de la inmigración. RBA
[2] Ibídem (2016:12).
[3] Ibídem (2016:132). 

miércoles, 28 de junio de 2017

La revolución de los ricos

Querámoslo o no la tensión social más visible es aquella que enfrenta a los pocos que tienen mucho dinero con los muchos que tienen poco. Nos decía Edmund Burke (1729-1797) “La división más obvia de la sociedad es entre ricos y pobres; y no es menos obvio que el número de aquellos no guarda proporción con estos. Todo lo que tienen que hacer los pobres es procurar que los ricos pueden holgar, divertirse y disponer de lujos; y, a cambio, los ricos lo que tienen que hacer es hallar los métodos mejores para confirmar la esclavitud de los pobres y acrecentar su carga. En un estado de naturaleza, es una ley inmutable que lo que un hombre adquiere es proporcional a sus trabajos, pero, en un estado de sociedad artificial, es una ley tan constante como invariable que los que más trabajan disfruten de muy pocas cosas, y que los que no hacen ningún  trabajo disfruten del mayor número de posesiones[1].”

La crisis que algunos dicen que ya ha pasado por que el índice más idolatrado, el PIB, parece que sube en estos últimos años, a los muchos nos les está llegando y, sin embargo, las soluciones adoptadas por esos pocos han conseguido esclavizar más a los muchos; con una deuda cada día mayor, con unos salarios más bajos, con unas pensiones menguantes, con unos trabajos indecentes, con menos derechos y una competitividad dañina para la raza humana y el medio ambiente.

Hemos alcanzado grandes cotas de desigualdad. Desigualdad que no tiene visos de parar y sigue haciéndose más amplia. El asalto de los pocos, la revolución de los pocos la podemos fijar en los años 70 del anterior siglo. En estos años  se produjeron hechos que nos han llevado a una pérdida de derechos, duramente conseguidos después de la II Guerra Mundial, y a enormes desigualdades en la renta y riqueza de las personas, lo cual afirma claramente el éxito del plan iniciado por los ricos, que no ha sido otro que aumentar sus riquezas a costa de la mayor parte de la población, expropiar a los muchos de sus escasas riquezas para seguir incrementando con avaricia desmesurada su riqueza. Margaret Thatcher y Ronald Reagan fueron los adalides de una nueva era de liberación del mercado y desregulación financiera que nos han traído las últimas crisis. Un nuevo modo de conducir las sociedades que llamamos neoliberalismo.

Los cambios incorporados en el sistema financiero, principalmente, han creado un monstruo que se multiplica y engulle transformando a empresas y bancos. Las empresas que encuentran mayor rentabilidad en la especulación financiera destinan recursos que detraen de la economía real a la economía virtual. Los bancos ven oportunidad de grandes ganancias, estando sus riesgos sistémicos cubiertos por la dificultad de dejarlos caer. Giovanni Arrigi, en su libro El largo siglo XX, mantenía que las expansiones financieras suceden cuando el capital pasa “del comercio y la producción financiera y la intermediación” y las ganancias provienen cada vez más de las “transacciones financieras”. Costas Lapavitsas en su libro Beneficios sin producción, mantiene la tesis de que “el carácter predador y expropiador del beneficio financiero y sus implicaciones en la estratificación social.”, hace entender mucho mejor la propensión “a las crisis que ha caracterizado a la financiarización desde sus inicios.”

Los gobiernos tomaron parte y apoyados en el Consenso de Washington y amordazados por las directrices del FMI sólo han mirado “la opinión de los mercados a la hora de diseñar todas sus políticas, no sólo las económicas, mientras ciudadanos que no han invertido ni un céntimo en productos financieros atienden temerosos a los cracs bursátiles o las evoluciones de la prima de riesgo y empresas de todo tipo deslocalizan su producción o realizan despidos masivos para maximizar el  precio de sus acciones. Este es el poder de los mercados financieros, que en su manifestación ideal impulsan el crecimiento económico, incentivan la innovación y crean riqueza, pero cuando adoptan comportamientos irracionales o abusivos, generan ruina y desconfianza y empujan a toda la sociedad a crisis muy profundas de las que se puede tardar generaciones en salir.[2]”

Los mercados financieros y las deudas de los que menos tienen han sido las herramientas utilizadas por los menos para someter a los muchos. Por eso no nos puede extrañar lo que el estadista, inversor y filántropo estadounidense Bernard Baruch (1870-1965) afirmó “El objetivo de los mercados financieros es conseguir que el mayor número de personas posible queden como idiotas.[3]”

La realidad nos la cuenta Josep Fontana: “En todo caso podemos tomar como una conclusión provisional acerca de la situación actual lo que la ONU dijo en su convocatoria del Foro humanitario: “en 2016 casi uno de cada cinco de los 7.400 millones de habitantes de nuestro planeta vive en situaciones frágiles. Esto representa el nivel más alto de sufrimiento desde la Segunda guerra mundial, y el número va en camino de aumentar…[4]” Hay revoluciones que quedan en el olvido pero realmente son las más dañinas.



[1] Pontón, Gonzalo (2016:63) La lucha por la desigualdad. Ediciones de Pasado y Presente. 2ª Edición.
[2] Pujol Álvarez, Rubén (2016: 7). El poder de los mercados financieros. RBA.
[3] Ibídem (2016: 11)
[4] Fontana, Josep (2017: 623). El siglo de la revolución. Crítica.

sábado, 10 de junio de 2017

¿Qué hacen los políticos?

Probablemente es muy generalizado y no sólo se da en nuestro país, pero si nos paráramos un poco y nos preguntáramos qué es lo que están haciendo nuestros políticos nos llevaríamos las manos a la cabeza. ¿Realizan política? Muy poca. Los debates políticos, las comunicaciones a la población deberían centrarse en cómo resolver los problemas de los ciudadanos, tarea a la que voluntariamente se presentaron y para la que los eligieron. Pero en vez de asumir su responsabilidad, por otra parte muy bien pagada en relación a los tiempos que corren, se preocupan de justificar su ineptitud, sus malas artes y atacar al resto de partidos.

Realmente la política se ha convertido en un espectáculo de ocultación en el que los distintos partidos contienden para hacer ver a la ciudadanía que yo soy mejor que el otro, aunque para conseguirlo se basen en mentiras y siempre oculten la desviación de sus programas y la vacuidad de sus propuestas, ¡si las tienen! Así la Democracia con mayúsculas queda envilecida e inservible.

De esta manera difícilmente podremos conseguir salir de la crisis. Es verdad que de las crisis económicas podemos esperar que mantengan sus ciclos y entremos y salgamos de las crisis como el Guadiana que deja ver y esconde sus aguas. Pero esto interesa sobre todo a unos pocos que surfean por las olas sacando grandes beneficios y dejando a la mayoría con el agua al cuello. El mundo gira a pesar de los políticos que no es poco, pero nos mantiene en una espiral diabólica que cada vez gira a más velocidad y algún día nos mostrará de forma catastrófica los peligros que esconde.

Es muy pobre la imagen que se está dando. No hay argumentos de debate. La actitud habitual es contestar a una interpelación sobre un hecho con un exabrupto contra el que se atreve a preguntar. Pero el insulto demuestra la escasez de razones, cuando no miedo y prepotencia. Me pregunto qué pasaría si en la vida diaria de las empresas, de los vecinos, de los familiares, a cualquier pregunta poco agradable, pero basada en una realidad, la contestación siempre fuera el insulto, la mentira y el “y tú más”. Seguramente duraríamos poco como humanidad y, sin embargo, esto parece cada día más visible y viable. El ejemplo que nos dan nuestros políticos incentiva actitudes asociales y división entre los ciudadanos.

Nos decían Acemoglu y Robinson en su libro Por qué fracasan los países que “El éxito económico de los países difiere debido a las diferencias entre sus instituciones, a las reglas que influyen en cómo funciona la economía y a los incentivos que motiva a las personas.” El enfoque económico de la “buena gobernanza”, entendía que era necesario tener buenas instituciones para un adecuado desarrollo de las naciones.  El Gobierno debe procurar la buena salud de la Democracia, debe ser transparente en su quehacer, debe facilitar la participación de la ciudadanía en los asuntos públicos y, sobre todo, debe luchar para que el poder judicial sea independiente. Ahora, sin embargo, lo más normal es que tiremos por tierra las decisiones judiciales, las investigaciones de los cuerpos de seguridad del Estado, las pocas ideas que proponen por los adversarios políticos, la participación ciudadana, el bienestar social, etc. Todo ello; cuando no nos dan la razón completamente y va contra nuestros intereses.

Por eso es esencial la formación, la educación es básica para una población. Pero la educación tiene que facilitar la comprensión del mundo, tiene que conseguir que los educandos piensen por sí mismos. El conocimiento, la comprensión nos hace más humanos además de darnos caminos para vivir y desarrollarnos. Abre las puertas de los encastillamientos raciales, religiosos, políticos, sexuales…Cuando pensamos por nosotros mismos podemos corregir nuestros errores y admitir ideas diferentes a las nuestras que pueden ayudarnos.
Una idea que no nos hemos parado a pensar seriamente es el papel que juega el dinero en nuestras sociedades. Siendo este un elemento esencial para un desarrollo social verdadero. Pero estamos haciendo oídos sordos a los economistas que nos quieren aclarar la realidad del mismo en estos tiempos, y, sin embargo, permitimos que los interesados de mantener el sistema como hasta ahora, ya que sacan sus insultantes beneficios de ello, nos oculten la realidad.

El dinero es el lubricante de nuestra maquinaria económica […] Cuando es necesario el Estado debe engrasar los engranajes y las bielas de esta maquinaria con dinero fresco[1]. El dinero no puede ser una mercancía más en el capitalismo de casino que permite limpiar los bolsillos de los que menos tienen. El dinero es un medio de pago que nos sirve para intercambiar bienes y servicios de una manera fácil y que está respaldado en la confianza dada al emisor, no está respaldado por nada más[2]. Por eso, no nos podemos permitir la ociosidad en nuestras posibilidades de producir bienes y servicios dejando a personas sin empleo. El Estado debe generar, engrasando la maquinaria, el dinero necesario para que todos podamos vivir dignamente estimulando la actividad de las empresas.


[1] Medina Miltimre, Stuar (2016:5) El Leviatán desencadenado. Lola Books.
[2] El dinero no se come. El dinero, material o virtual, no está respaldado por nada, si todavía cree que se respalda por oro, metal precioso o cualquier otro objeto, cambie su dinero por aquello que lo respalda y trate de vivir con ello.

sábado, 3 de junio de 2017

Juventud divino tesoro

Una de las consecuencias más nefastas de la actual crisis y de las políticas neoliberales que la mantienen es la relativa a la “cuestión juvenil”. Estamos cercenando las expectativas vitales de la juventud y derrumbando una de las ilusiones necesarias para vivir; el futuro ya no está en su sitio, como en su día dijera Luis García Montero y citó Juan Marsé en su libro El embrujo de Shanghái, la nostalgia por el futuro perdido cada vez es más dolorosa. El futuro es muy negro para los jóvenes: “Entre un 70 % y un 75 % de los españoles menores de 35 años se encuentran en paro o tienen subempleos y trabajos precarios, que no les permiten vivir por su cuenta en condiciones dignas.[1]” Más de dos millones de trabajadores con edad comprendida entre los dieciséis y los veintinueve años han perdido el empleo entre los años 2007 y 2016. Así, con la normativa de pensiones en la mano, muy pocos privilegiados podrán cobrarlas. La sociedad tendrá, por tanto, que dar soluciones, vivir en el presente no les garantiza que haya expectativas de vivir más allá. Un presente inestable y un futuro incierto no contribuyen a una vida fácil de vivir.

Es un vuelco social,  un giro en el funcionamiento de nuestras comunidades. Los jóvenes sin dinero y sin empleo están avocados a un mundo sin futuro y la sociedad derrocha el ímpetu creativo y lleno de energía de los jóvenes despilfarrando oportunidades y fuerza de trabajo. Es vergonzoso, además, que cuanto más preparado esté un joven tenga más difícil encontrar un empleo coherente con su formación, pero más fácil trabajar de becario por la barba o una práctica no laboral y pongamos puente de plata para su salida al extranjero. Así pues “La situación en la que se encuentran la mayoría de los jóvenes revela que estamos ante un grave fallo sistémico del modelo socio-económico establecido,  que ya no asegura a las nuevas generaciones itinerarios claros y eficaces de inserción societaria, una vez que han concluido su período de formación[2].” Con la pérdida del futuro juvenil la innovación social necesaria para el desarrollo económico y social se pierde igualmente.

Sin que los propios ciudadanos se enteren se está produciendo un cambio social no meditado ni querido que se ha cebado como un cáncer en los jóvenes. Cambio, por tanto, que trae consecuencias no muy halagüeñas para la mayor parte de ellos. Cuando en todo momento la juventud ha sido el impulso de las nuevas ideas y de las mejoras sociales, estamos cercenando incluso su esperanza de futuro. “Las tasas de pobreza neta entre la población menor de 30 años son de un 29,1 %, siete puntos porcentuales más que el promedio de la población española (22,3 %)[3]” Las investigaciones y la realidad diaria nos muestran que hoy esta década perdida ha traído a la juventud una vida peor que la de sus padres, e, incuso, que si no fuera por sus ascendientes muchos no lo contarían. Esta exclusión social de los jóvenes tiene para ellos graves consecuencias de las que el aumento de la tasa de suicidios es la más grave, pero, también “las depresiones, los consumos de ansiolíticos, las conductas evasivas, la delincuencia juvenil y las tasas de encarcelamiento.[4]”

Se requieren soluciones urgentes y prioritarias en contra de las medidas que se han tomado en los últimos años que no han hecho nada más que ir contra los jóvenes. El Gobierno y las instituciones europeas no pueden hacer el avestruz con respecto a este problema que supone un cambio importante en nuestra sociedad. Estamos cimentando una sociedad dónde al que más tiene, más se le da y al que no tiene nada se le quita hasta el porvenir. Por eso, los débiles, los pobres y los jóvenes lo tienen muy difícil sin no se hace algo diferente. Si nos imaginamos un mundo justo no tiene apenas coincidencia con el actual, mundo en el que los presupuestos que nunca bajan son los que se dedican al armamento y a la guerra, negocio en el que confluyen intereses privados e imperialistas y cuyo fin último es matar y destruir vidas.

No sólo se requiere un nuevo pacto generacional, se requieren actuaciones empáticas que hagan resurgir la cohesión social, el cemento social. En una época en la que las riquezas son muy superiores a cualquier otra época de la historia, no tiene que ser tan difícil encontrar soluciones menos egoístas que las que estamos practicando. En una época en la que el conocimiento se multiplica por segundos de manos de internet y las múltiples redes, no puede ser que los vicios privados se sigan considerando virtudes públicas. Este mito como muchos otros basados en el individualismo no hace mejores a las personas, ni mejores a las sociedades. No podemos consentir, en conclusión, el maltrato animal, aunque el animal sea pensante e incluso racional; no podemos maltratar a nuestros hijos.



[1] José Félix Tezanos. Cómo actuar ante la cuestión juvenil. Temas para el debate, junio 2017.
[2] Editorial Temas para el debate, junio 2017.
[3] Ibídem.
[4] Ibídem.

Los humanos No somos tan inteligentes

En un mundo en el que la información circula a velocidades siderales, en el que el conocimiento del medio es cada día mejor, sorprende que...